sábado, 16 de diciembre de 2017

Corazón dispuesto

¿A quién no le gusta las cosas nuevas? ¿Se acuerda cuando era niño y estrenaba una ropa nueva para navidad? Ciertamente cuando pensamos en lo “nuevo” resalta siempre delante de nosotros un carro 0 kilómetros, una casa recién construida, un matrimonio que comienza, una escuela nueva, un empleo nuevo etc.

La tecnología está siempre en búsqueda de lo nuevo para sus clientes. ¿Por qué piensa que los creadores de los teléfonos inteligentes, por ejemplo, están en una continua carrera para ofrecer a su clientela la última novedad de sus productos? Pero eso que es nuevo ahora ya será viejo el próximo año. Que bueno que esto no pasa con nuestro Dios. Vea cómo en Apocalipsis, el ultimo libro de la Biblia, está lleno de cosas nuevas que por por los primeros mil millones de años seguiran siendo nuevas. Primero comienza hablándonos de un nombre nuevo.

No se si a usted le gusta su nombre, pero tendrá un nombre nuevo (2.17; 3.12). Nos habla de un cuerpo nuevo. No se si usted está conforme con su cuerpo, pero llegara el día cuando ya no habrá más llanto, ni dolor, ni tristeza, ni muerte (21.4). Pero tambien habrá un «un nuevo cántico» (5.9; 14.3). ¿Se imagina cómo será ese cántico? Por supuesto que habrá una nueva ciudad cuya descripcion simplemente es incomparable (21.9-27).

Pero por si faltara algo en el mismo capítulo 21 el Señor dice: «He aquí, yo hago nuevas todas las cosas» (v. 5). Este texto nos alienta sobre manera. Para nadie es un secreto que pasamos por tiempos donde todo parece derrumbarse, a lo mejor por una gran prueba, pero Dios nos dice que hará nuevas todas las cosas.

Nada produce más gozo que el iniciarnos en algo que nos da satisfacción. ¿No creen ustedes que el comienzo de una iglesia es la mejor oportunidad para ver al Dios haciendo nuevas cosas? La vida en Cristo es un nuevo comienzo, esto fue lo que Pablo nos dice en 2 Corintios 2:17. Consideremos la naturaleza de esta declaración.
¿QUIÉN ES AQUEL QUE HACE NUEVAS TOSAS LAS COSAS?

1. El que está sentado en el trono v. 5ª. Desde que se conoce este mundo muchos hombres han ocupado tronos con sus reinos. Algunos han durado mucho y otros muy poco. Algunos han sido buenos y otros muy malos. Pero la verdad final es que todos han perecido. Y no es casualidad que el penúltimo capítulo de la Biblia nos hable del Señor sentado en su trono. Su vida se resume comenzando una cuna de paja, después en una tosca cruz y finalmente en su trono. El trono celestial tiene un solo dueño y se llama Jesucristo. Su presencia allí es sinónimo de paz, de protección y de seguridad eterna.

Como Rey en ese trono es todopoderoso, y “su reino no tendrá fin”. Me encanta pensar que nuestro Rey amado está allí para vernos y dirigirnos. Pero sobre todo, porque un día todo lo viejo pasará delante de ese trono y será hecho nuevo. Porque un día los hombres que no le rechazaron estarán delante de ese trono para ser juzgados.

Pero sobre todo, porque desde allí él hará nuevo todas las cosas. Es una gran bendición saber que quien hace todo nuevo es aquel a quien el Padre le entregó toda potestad en los cielos y en la tierra. Así que todo lo que comencemos tiene el respaldo del que esta sentado en su trono.

2. El Alfa y el Omega, principio y fin v. 6. Entre los tantos “yo soy” de Jesús este último siempre ha sido el primero. Por supuesto que no se trata de algo que comienza y de algo que termina pues Dios ni tiene principio ni fin. Más bien esto es una manera de ver el poder y la Deidad de Dios. Para los efectos de nuestro entendimiento es saber que todo comienza con Dios y termina con él. Este ultimo “yo soy” es el complemento final de todo lo dicho. Esto cierra todo lo hecho hasta ahora, pero a la vez nos orienta para confiar que lo que viene está respaldado por esta declaración del Señor.

El “Omega” sería como el inicio de la eternidad. ¿Cuáles son los beneficios de esta declaración para la iglesia del Señor? Que frente a lo desconocido para ella, sobre todo en su lucha con todos los poderes y el dominio del pecado en el mundo, Jesucristo nos promete que nadie estará por encima de él. Que frente a lo que será el establecimiento de su reino a través de su iglesia, esta declaración nos afirma que el trabajo que hacemos para él nos en vano. Mis hermanos, hay aliento y fortaleza al saber que Jesús es el “Alfa y Omega”.

3. “He aquí, yo hago…”. ¿Quién está hablando aquí? Obviamente es Jesucristo. Observe el énfasis en la oración “yo hago”. Cuando uno ve lo que lo que los hombres hacen, aquello que ellos llaman nuevo, necesariamente tienen que tomar una materia que ya existe para dar a luz su producto, pero lo que hicieron fue descubrir las cosas con las que harían algo “nuevo”. Sin embargo, el único que puede hacer algo nuevo de la nada se llama Cristo. Cristo es la palabra creadora.

El texto sagrado nos dice que todo fue hecho por medio de él. En Génesis 1 encontramos el origen de todo lo que vemos a través de la palabra creadora “y dijo Dios”. ¿No es interesante que el Señor aparezca ahora al final de la Biblia hablando que hará nuevas todas las cosas? Esta declaración nos consuela sobremanera. La profecía de este texto apunta a la creación de los nuevos cielos y la nueva tierra. Pero bien se puede aplicar al hecho indiscutible de saber que Cristo hace todo nuevo, sobre todo cuando estamos para iniciar una obra nueva. Confiamos en esta promesa. Jesucristo todo lo hace nuevo, incluyendo nuestro corazón.

¿CUÁL ES LA PROMESA PARA TODAS LAS COSAS NUEVAS?

1. “Estas palabras son fieles y verdaderas” v. 5b. Hay otras palabras que no llevan este sello. Las palabras de los hombres no siempre son fieles, ni tampoco son verdaderas. La corrupción del corazón del hombre hace que sus palabras cambien, y hasta mientan al decirlas. Pero qué diferencia hay en las palabras de Cristo. Han sido fieles porque ninguna de ellas han fracasado y son verdaderas porque nunca han tenido mezcla del error.

Esto es lo que le da garantía a la palabra de Dios. Cuando él habla de hacer todo nuevo nos da la seguridad de sus palabras. Cuando usted está por comenzar un proyecto o alguna cosa nueva y quiere ver la manifestación gloriosa de Dios, seguramente le susurra tiernamente, diciendo: “Te doy mi palabra que todo saldrá bien”. ¿Por qué decimos esto? Porque hasta ahora ninguna de sus promesas ha dejado de cumplirse. Todo lo que ha dicho ya fue y todo lo que ha profetizado para el futuro se cumplirá.

El asunto es que para toda nuestra vida, para el desarrollo de la iglesia, y para nuestra esperanza futura “estas palabras son fieles y verdaderas”. Sigámosla y vivámosla (Nm. 23:19).

2. “Y me dijo: Hecho está…” v. 6ª. ¿Qué significaba para Juan esta afirmación? Una de las cosas que hay que decir es que Dios reveló estas palabras a Juan quien estaba desterrado a causa de la persecusión, con el propósito de darle aliento, fortaleza, seguridad, certeza y esperanza a todos los perseguidos de las iglesias del Asia menor.

Decir que todo está hecho es decir que ya no habrá cambios. Esto es un decreto que a todas luces nos beneficia. Saber que todo está hecho de parte de Dios es movernos hacia delante con toda seguridad y confianza. Ya Jesús había dicho “consumado es” cuando permaneció en la cruz. Desde entonces no habrá nada que no pueda hacerse en su nombre.

Sus palabras indican que hay victoria sobre el pecado, el mundo y Satanás. Debemos estar siempre agradecidos con Dios por esto ya que si él cambiara, déjeme decirle que ni usted ni yo estaríamos hoy aquí, ya que en realidad no somos merecedores de su misericordia. De parte de Dios todo está hecho, ahora nos toca a todos nosotros hacer nuestra parte. ¿Cuál será su compromiso ante esta promesa

¿QUIÉNES SON LOS QUE SE BENEFIAN DE ESAS COSAS NUEVAS?

1. Los que tengan sed v. 6b. Por todos es sabido que una persona podrá aguantar muchos días sin comer, pero no podrá pasar cinco días sin tomar agua. La sed es una sensación indescriptible que desespera al cuerpo llevándolo a una deshidratación. Interesante que cuando el Señor quiso mostrarnos la necesidad de buscarlo no hizo referencia, diciendo “si alguno tiene hambre”. ¿Por qué? Porque la sed es la necesidad que pone nuestro cuerpo a gemir, mas que el hambre, siendo esto un símbolo de nuestra sed espiritual. Ya Jesucristo había hablado de esta condición. Se nos dice que cuando llegó “el último día de la fiesta”, eso es, el séptimo día de la fiesta de los Tabernáculos, Jesús dijo: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Jn. 7:38). De este modo, es la sed por nuestro Señor lo que hará la diferencia en nuestras vidas. La sed más grande que debemos tener a partir de hoy es hacer la voluntad de Dios. Y la sed de agradar a Dios nos lleva a la sed de buscar a los hombre que están pedidos sin él. Que esa sed no mengue para ver esas cosas nuevas.

Resultado: “Yo le daré gratuitamente…”. ¿Qué es lo que el Señor nos dará gratuitamente? Bueno lo primero que vemos es que él nos ha dado una salvación gratuita. Nos da ha dado un perdón gratuito, una paz gratuita, un gozo gratuito, una provisión gratuita en el sustento cotidiano, pero sobre todo, nos ha dado un cielo nuevo donde no hemos puesto ni una estaca, pues él lo hará. Mis amados, tal promesa nos da la esperanza de saber que todo lo que emprendamos hoy tiene este sello de su bendición. Contamos con el recurso del cielo para la nueva obra que comenzamos hoy. El Señor que hace todo nuevo también nos asegura sus recursos gratuitamente. Ya todo esta pagado. Amén.

2. Los que vencieren v. 7. Es obvio que la vida cristiana es una lucha que plantea la necesidad de continuas victorias. Si bien es cierto que la salvación es un hecho, el cuidarla y trabajar por ella nos conduce a buscar nuestras victorias constantemente. La peor cosa que le puede pasar a un creyente es conformarse con su salvación, pero vivir sin ningún esfuerzo cotidiano. Jesús es nuestro modelo a seguir siempre. La cruz fue su más inobjetable reto y lo enfrentó. Desde entonces el llamado es a vencer. Todo en la vida requiere que nos embarquemos en una carrera de vencedores. Las cosas nuevas que vienen requiere de vencedores. Los cielos nuevos y la tierra nueva donde vamos a vivir requiere de vencedores. La tentación a la que nos enfrentamos todos los días requiere de vencedores. La conquista de alcanzar almas para Cristo requiere de vencedores. El crecimiento y la fortaleza de la iglesia requiere de vencedores. No es por casualidad que en el mensaje a las 7 iglesias del Asia Menor la consigna es “el que venciere”. El Señor ha hecho nuevas todas las cosas, pero todas requieren de nuestra victoria. Los nuevos retos que afrontamos requieren que seamos vencedores. ¿Soy un vencedor?

Resultado: Herencia total v. 7b. El texto nos conduce a una bendición final. Cada vencedor tiene la esperanza de una premiación al final de su jornada. Muchos de los premios del mundo pronto perecen, pero vea el premio que le aguarda a un hijo de Dios. Primero nos dice que heredaremos “todas las cosas”. El contexto nos sugiere que las cosas por heredar es todo lo nuevo que el Señor hará. La herencia de Dios no pasa por un largo proceso de papeles ni tiene que ir a un litigio con otros. Es suficiente para cada uno. Y si faltara algo a esta herencia el mismo Señor nos dice: “Yo seré su Dios, y él será mi hijo”. ¿Puede pensar en algo más grande que esto? Mis amados, son los hijos de Dios los que logran esas cosas nuevas. Es esta herencia la que nos hará más que vencedores. Nos toca vivir como dignos representantes de semejante herencia. Amen.

CONCLUSION: Me gusta lo que dijo mucho tiempo atrás Isaías, hablando del Dios que hace nueva las cosas: “No os acordáis de las cosas pasadas ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí, que yo hago cosas nuevas, pronto saldrá a luz, no la conoceréis. Otra vez abriré camino en el desierto y ríos en la soledad” (Is. 43:18). El comienzo de una obra nueva plantea el rompimiento con el pasado. Las cosas antiguas tienen la misión de paralizarnos, de querer regresar siempre a los rudimentos antiguos. Pero el Dios que hace nuevas todas las cosas nos invita para que veamos cómo él abrirá “caminos en el desierto”. No hay nada imposible para Dios. Cuando dice: “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas” es porque todas las cosas se envejecerán. Dios es el eterno nuevo. Bien podriamos decir que él siempre está de “estreno”. Para nosotros esta es buena noticia. ¿Puede imaginarse que Dios tuviera todo el tiempo regresando a las cosas viejas y removiéndolas después que todo lo ha olvidado? Dios quiere hacer de ti un nuevo hombre y una nueva mujer. Él quiere darnos un nuevo corazón para que le amemos más.

Alaba a Dios - Danny Berrios

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